Lo que aprendí supervisando programadores (aunque todavía me siento uno)
Liderar no es saber más. Es saber acompañar.

Cuando empecé a coordinar proyectos en Nexium, lo hice con una mezcla de entusiasmo y miedo.
Era raro pasar de escribir código a tener que dirigir a otros que lo escriben.
Y lo primero que entendí fue que no se trata de control, sino de comunicación.
Hoy sé que un buen líder no es el que revisa cada línea, sino el que marca un norte claro.
Que liderar es crear contexto, no presión.
Y que los equipos más productivos no son los que trabajan más, sino los que se entienden mejor.
También aprendí que no hay que microgestionar. Cuando confiás, el equipo crece.
Y cuando das libertad con responsabilidad, todos rinden mejor.
"No soy el jefe del equipo. Soy parte del equipo."
Sigo programando, sigo ensuciándome las manos. Porque si dejás de hacerlo, te desconectás.
Y un líder desconectado se convierte en un gestor de planillas, no en alguien que inspira.
Hoy sé que liderar es, en el fondo, un acto de servicio: estar atento, sostener y empujar.
No para figurar, sino para que todos lleguemos más lejos.


