De la facultad al código: cómo Ciencia de Datos me cambió la forma de pensar productos
Aprender a programar me enseñó a construir. Estudiar Ciencia de Datos me enseñó a entender por qué algo vale la pena construirlo.

Cuando empecé Ciencia de Datos lo hice con una mezcla de curiosidad e intuición. Sentía que había algo en los números que explicaba mejor al mundo.
Y con el tiempo descubrí que tenía razón.
En el desarrollo uno piensa en términos de "funciona" o "no funciona". Pero los datos te muestran algo más: te enseñan a medir el impacto, a entender si lo que hiciste realmente sirvió.
Hoy, gracias a eso, no programo para que las cosas simplemente anden. Programo para que tengan sentido, para que sean medibles, para que aporten.
Cada vez que lanzo una web, miro métricas: conversiones, rebotes, tiempo en página. Y cada número me habla. A veces lo que creí genial no funciona, y lo que parecía simple termina siendo lo más potente.
"El código construye. Los datos corrigen."
Y eso también me cambió a nivel personal. Me enseñó a no aferrarme al ego, sino al aprendizaje.
A entender que equivocarse rápido y barato es mejor que acertar tarde.
La Ciencia de Datos me enseñó que el progreso real no está en tener razón, sino en saber adaptarse al resultado.


